Espíritu de campeón con EY

De acuerdo con la ACNUR, la importancia de la educación infantil reside en su funcionalidad, ya que dota a las niñas y niños de herramientas vitales para la formación de su carácter, identidad y personalidad, así como de las bases para un futuro exitoso. Es decir, es la clave para formar individuos independientes, saludables y plenos. Por más que pudiera parecer obvio que la educación debiera ser un derecho para todos los menores, en la realidad intervienen muchos factores que afectan o incluso imposibilitan que esto suceda. El lugar en el que se nace, los ingresos familiares o incluso el color de piel siguen siendo características que determinan las oportunidades a las que se tiene acceso. Como resultado de estos criterios arbitrarios, millones de menores se enfrentan a un panorama nada alentador que los limita y excluye. La misión entonces es clara: trabajar para que la mayor cantidad de niñas y niños puedan alcanzar su máximo potencial sin importar de dónde provengan. 

 

Con este objetivo en mente nace el Colegio Espíritu de Campeón, ubicado en el Pedregal de Santa Úrsula, al sur de la Ciudad de México. En este centro, que atiende a alumnos de bajos recursos, se busca inculcar el amor por la vida, el trabajo y la solidaridad entre los pequeños, con el objetivo de que, a través de su desarrollo, mejoren la calidad de vida de sus familias y su comunidad. Más allá de impartir las materias del currículo obligatorio, en Espíritu de Campeón se enseña a los niños a ser independientes, emprendedores y solidarios. El trabajo que lleva a cabo la escuela es maravilloso, por lo que cualquier granito de arena que se pueda aportar para facilitar su labor, siempre es bien recibido.

 

Algunas áreas de las instalaciones de Espíritu de Campeón necesitaban mantenimiento, por lo que EY, tras conocer el trabajo de la organización, decidió ayudar a través de una jornada de voluntariado. Fue así que el pasado noviembre, los colaboradores EY recaparon y sellaron los techos de la escuela, dejándola lista para ser impermeabilizada. La zona sur de la ciudad suele ser particularmente golpeada por las lluvias, lo que vuelve a la impermeabilización una necesidad básica. 

 

Gracias al esfuerzo realizado los voluntarios, que lograron 60 horas de trabajo, la escuela ahora tiene una preocupación menos y podrá seguir con su gran labor. ¡Muchas gracias EY por su solidaridad y empeño!