Las 3 dimensiones del voluntariado corporativo

Es sábado. Seis de la mañana. Me inscribí a una jornada de voluntariado de la empresa en la que trabajo y es momento de decidir si dedico las próximas seis horas a una jornada que combina involucrarme con una causa, participar en una una actividad de la empresa y vivir una experiencia que me permite conocer realidades muchas veces ajenas a la mía. Estas tres dimensiones -causa, participación y experiencia– son clave para entender, desde la perspectiva de un individuo, el sentido del voluntariado corporativo. Cada vez más empresas reconocen la importancia de ofrecer a sus colaboradores opciones de contribución a la comunidad, permitiéndoles invertir su tiempo, talento, conocimientos y vivencias en causas de impacto social. Estas opciones, sin embargo, para que sean valiosas, deben ser diseñadas te niendo en cuenta estas tres dimensiones.
 
Causa 
 
En tiempos de redes sociales, activismo en línea y la posibilidad de involucrase en tantas causas como intereses pueda tener una persona, el voluntariado corporativo debe partir de una propósito claro y significativo para los colaboradores. La actividad del sábado por la mañana es sólo un eslabón de los muchos que es preciso unir para lograr cambios reales en una comunidad y hacérselo saber a los voluntarios es una prioridad. Resulta fundamental educar al voluntario en la causa a la que está siendo invitado, que va mucho más allá de ser mentor de un joven de secundaria, participar en una jornada de lectura en voz alta a niños de preescolar o mejorar el espacio de juego de una primaria. El mentor voluntario, por ejemplo, posiblemente comparta su experiencia profesional con un estudiante en situación de pobreza que, sin motivación alguna, esté pensando en desertar de la escuela secundaria, como lo hace uno de cada tres jóvenes en América Latina. Sin el apoyo de la familia en la que la educación se valora cada vez menos y en entornos escolares desconectados de los intereses de los jóvenes y de sus realidades, los estudiantes pueden encontrar en el mentor un referente, un proyecto de vida que no aparece en la limitada visión de su familia, su escuela o su barrio. El mentor puede tener un impacto que va mucho más allá de las horas de orientación profesional y esto es preciso hacerlo explícito al voluntario.
 
Participación
 
Al mismo tiempo, el voluntario participa en una actividad de la empresa. El mensaje que ésta envía cuando promueve el voluntariado – y lo hace de una manera organizada, sistemática, con participación de los niveles directivos – es reflejo de sus valores, de “lo que aquí es importante”, y en esa medida es un factor para mejorar el orgullo de hacer parte de esa empresa. Está demostrado que las empresas que demuestran compromiso social, prácticas de negocio éticas y sustentables y – muy importante – coherencia entre lo que dicen y lo que hacen logran atraer y retener el mejor talento. El voluntariado corporativo es, entonces, una manifestación de compromiso social y una oportunidad única para fortalecer el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia en la empresa.
 
Experiencia
 
Una jornada de voluntariado debe entenderse también como una experiencia de aprendizaje para el voluntario. Conocer personas y realidades distintas, enfrentarse a retos nuevos, usar de otra forma sus competencias y conocimientos – todo dentro de una actividad gratificante y divertida son maneras eficaces de promover formas nuevas y más humanas de pensar y de actuar. Es importante, entonces, preguntarse qué aprende el voluntario con esta actividad y cómo contribuye a su desarrollo personal. Al final, el voluntario tendrá una historia de vida más; una que comenzó un sábado a las seis de la mañana y que al final de la jornada le permitió involucrarse, participar y aprender.