Para ser voluntario no hay edad

El 19 de marzo conocí y volví a ver a personas inspiradoras. Son muchos los nombres a este respecto de los que podría hablar, pero me concentraré en dos historias.

En la primera de estas historias, me encontré a los protagonistas muy temprano. Dos pequeños –Santiago y Estrella- con playeras, gorras y botellas de agua, que al llegar al punto de reunión vieron que -igual que ellos. muchas personas estaban listas para salir hacía el Río Magdalena, personas en su mayoría muy jóvenes (aunque claro, no tanto como ellos) y que contagiaban su entusiasmo con rapidez.

Pese a su corta edad, no es la primera vez que Santiago y Estrella participan en un voluntariado, con cinco y seis años respectivamente, han demostrado que para ayudar solo hace falta voluntad. Para quienes han participado en una actividad de voluntariado, serlo, tiene muchos significados y justo por ello diversas, así como recuerdos y experiencias, pero sin duda una de las más valiosas es la que un niño puede conservar.

El 19 de marzo en el marco del Día Mundial del Agua, Fondo Unido México apoyó la iniciativa de Acción Agua realizando la limpieza del único río vivo de la Ciudad de México: el Río Magdalena.

Llegada la hora y ya en el lugar, nos dividimos por equipos, estábamos listos para iniciar la limpieza del río. Mi equipo, en el que participaban cuatro pequeños voluntarios, estaba entusiasta y al mismo tiempo un poco triste de ver lo que encontrábamos a nuestro paso: llantas, aceite, comida, bolsas, unicel, frascos con los más extraños contenidos que he visto en mi vida, ropa, partes enteras de automóviles, zapatos y tantas otras cosas… eso nos motivó a esforzarnos más nuestra labor.

Ese día pensé una vez más que cuando siembras en los niños lo importante de ayudar a corta edad, se convierte en algo natural y de vital importancia, porque quizá sin saberlo, estarán siendo ejemplo para quienes somos más grandes que ellos y que tenemos una importante responsabilidad en el entorno que estamos creando.

Para la otra historia no pasó mucho tiempo durante la actividad para encontrarme con Carlos. Era la primera vez que participaba en una actividad de voluntariado formal, vecino de la comunidad, joven, entusiasta, estudiante de universidad -quien además nos contó que se ganó la beca que le permite mantener sus estudios- llegó al río gracias a la invitación de los vecinos del ejido de Los Dinamos.

“Yo vine a ayudar, no sabía muy bien si podía participar pero me gusta poder hacerlo, yo creo que estamos muy alejados y aquí hace falta mucha ayuda”, aseguró y le sorprendió que hubiera tantas personas participando, para él ayudar es algo que hace siempre que puede, su sorpresa, según me dijo, es ver que personas que sin conocerse están haciendo algo por la comunidad, esto en sus propias palabras, lo motivó a hacer más, él sabe que en la comunidad donde vive hacen falta muchos granitos de arena. Fue él quien encontró una trozo de lo que alguna vez fue un automóvil. Nos sorprendió a todos no solo por lo que levantó del río, sino por su actitud. Carlos parecía incansable.

El equipo en el que participé rápidamente hubo un sentimiento de amistad, motivado en gran parte por los niños y Carlos. Considero que todos deberíamos pensar en actuar así más a menudo. Ver el lado bueno de las personas y compartir buenos momentos mientras ayudamos a otros.

Esta labor sumó muchas voluntades del tercer sector y de la comunidad en general, reuniendo a 100 voluntarios de la sociedad civil, que juntos, retiraron del río tres toneladas de desechos sólidos. Fue un gran trabajo en equipo.

El tiempo pasó rápido y luego de hora y media de trabajo, concluyó la actividad. Nos fuimos cansados, pero con ganas de regresar, con ánimo de cambiar las cosas para que podamos dejar de limpiar el río gracias a que todos somos responsables de mantenerlo, nos retiramos y ya no eramos los mismos, ya teníamos nuevos amigos, estábamos sorprendidos, con ganas de seguir apoyando, alegres, sí… sobre todo alegres.

Pero, lo positivo no terminó en el río. Una de las mejores cosas pasó días después de la actividad, ya que durante sus vacaciones, Estrella y Santiago tuvieron oportunidad de ir a otro río a vacacionar por la Semana Santa y su mamá, me contó algo estupendo: ellos, al llegar al río, comenzaron a limpiarlo, aplicaron lo que aprendieron de manera natural, lo que representa algo muy importante en toda acción social, que lo hagamos lo más replicable posible, que inspiremos a cambiar las cosas y sobre todo, empecemos a hacerlo. Rescato de esta experiencia que estos tres increíbles voluntarios, que sabían que ellos podían mejorar su entorno y lo hicieron. Nos inspiraron.