Pasión y amor por ser siempre del mayor beneficio para los demás

 

Por Mauricio Huitrón Gómez

Ya son cuatro años de trabajar colaborar con pasión en una actividad que disfruto en demasía, aprendo con ella y aprehendo de ella. Me descalabro a veces y me peleo otras, pero en la mayoría de las ocasiones me enorgullezco y lleno de satisfacción al ver los resultados de amar lo que haces y hacer con amor aquello que deseas. Pero no fue fácil llegar hasta aquí.

“Pareces llamarada de petate”, fue la frase favorita de Pau (mi madre) para describirme durante mi adolescencia. Ella argumentaba que mi peregrinar por diversas actividades que eran de mi agrado –sin culminar alguna, debo confesar- se traducía en un desperdicio de mi tiempo (o potencial, quiero creer); que la falta de enfoque en una actividad me impedía la estabilidad que los padres siempre buscan para sus hijos. Hoy ya no me describe así, aunque ignoro si aún lo sigue pensando.

Nunca mostró estar de acuerdo en mi multifacético interés por involucrarme en travesías sin destino, pero por igual jamás se negó a cada una de mis aventuras. No hace falta decir que no le conté de todas; de haberlo hecho, me hubiera librado de muchos incidentes.

Algunos años antes, cuando no tenía la facilidad de vivir episodios inconclusos, era Paco (mi padre) el que mantenía mi enfoque en alguna actividad que fuera de mi agrado; fútbol fue casi siempre la elección. Nunca fue una obligación el involucrarme en el arte o el deporte. Sin embargo, siempre estuvo a mi lado para que yo hiciera lo que en ese momento más me gustara. Ya fuera en la tribuna alentándome cada vez que fallaba un gol cantado –creo por eso no le tengo miedo a fracasar- o fingiendo que su bici se descomponía para que yo llegase primero a la meta pactada.

Haciendo un análisis de mis incursiones de vida durante los años de dependencia de mis padres –creo que ésta nunca termina, pero en algún momento se abrevia con la participación propia al responsabilizarnos de algunas acciones- me doy cuenta de dos cosas. Primeramente el hecho de que sobreviví a cada una de mis locuras sin pasar por el hospital. Lo segundo, y de mayor relevancia sin duda, es que fueron mis padres los forjadores de mi pasión por lo que hoy hago.

Si cada día que termina lo hago con la satisfacción de haber sido de beneficio para los demás, es porque Pau siempre me oriento en hacer el bien. Si cada día que amanezco tengo las ganas de ayudar a los demás, es porque Paco me enseñó la importancia de ser constante.

Hoy puedo levantarme a las cinco de la mañana para visitar una comunidad sin que me pese en lo absoluto, tal como Paco se despertaba a esa hora para llevarme a un partido hasta el otro lado de la ciudad. Puedo cargar materiales y cajas de donativos durante horas y no quejarme por el cansancio ante la cara de satisfacción de quienes ayudamos, tal como Paco cargaba mi bici cuando él estaba tal vez más exhausto que yo pero con la firme intención de mantener la satisfacción en mi cara.

Hoy soy feliz escuchando historias de vida de las personas que conozco en las comunidades y quiero ayudarles en la medida de lo posible, tal como Pau lo hacía frente a mí con todas las personas que ayudaban en la limpieza de la casa –ahora entiendo que la necesidad que mi madre cubría no era la de apoyo en el quehacer doméstico, sino la de hermandad que necesitaban las personas a quienes contrataba. Me desprendo fácilmente de lo que “es mío” para que sea de mayor beneficio para los demás, tal como Pau no dejaba que nadie que visitara la casa se fuera con las manos vacías.

Ya llevo más de cuatro años de dedicarme profesionalmente a crear un mundo mejor desde una de las plataformas que tanto bien le hacen al país y al lado de un equipo incomparable de colegas y amigos. Haciendo un análisis de este cuatrienio he aprendido que lo que me dio las herramientas indispensables para vivir el éxito que hoy disfruto no fueron los años de profesionalización académica, tampoco la beca del Conacyt, ni las noches de insomnio pegado a libros; el que hoy yo sea exitoso es por Pau y Paco, mis padres que forjaron mi pasión y amor por ser siempre del mayor beneficio para los demás.